lunes, 17 de febrero de 2014

Viajar solo a Marrakech - 6 días en la tierra del regateo, los olores y el color

¡Bienvenidos a Marrakech, tierras bereberes!


Mi primer pie en África, viaje a Marrakech de 6 días en solitario

Si vives en España y por un segundo has pensado que viajar a Marruecos va a ser otra pequeña experiencia más para tu colección de viajes a nuestros países vecinos, creo que estás muy lejos de la realidad.
Le estoy cogiendo el gustillo a eso de hacer viajes en solitario; a finales de noviembre de 2013 compré un billete ida y vuelta para uno en dirección a Budapest, 5 días y mil noches de lo que resultó ser un viaje lleno de lo que todos los viajes suelen contener, experiencias, experiencias pasajeras, experiencias inolvidables, aprendizaje, rarezas y semejanzas, sabores, miradas, música maravillosamente desconocida y reflexión.
En esta ocasión el destino elegido era mucho más cercano, y los 14 km que separan Marruecos de España pensaba que esconderían tras sus aguas unos finos trazos de diferencia y gruesas líneas de parentesco.

Por sólo 65 € Ryanair me dejó sus alas para volar más alto y más lejos de lo que nunca había volado, y cuando el avión perdía horizontalidad y una fuerza me empotraba en mi asiento, no podía siquiera imaginarme la barrera de realidades que íbamos a atravesar en una hora y cuarenta y cinco minutos.
Al poner un pie en tierras Marroquíes decía adiós al febrero de Madrid con sus lluvias y su frío, sus paraguas y sus abrigos calentitos.

En Marrakech, del aeropuerto a la Plaza Yamaa el Fna

La gran fiesta del conocimiento y aprendizaje a la que te has autoinvitado tiene lugar nada más cruzar las puertas del aeropuerto de Menara y, si eres observador, verás cómo desde el primer instante los marraquechís despliegan para tu bienvenida la mejor de sus banderas, pintada a base de insistencia, miradas profundas y un baile de palabras en al menos cinco idiomas, tratando, cada uno de ellos, de convencerte para cualquiera de sus propósitos.
El autobús para la ciudad que sabía existía, dejó de hacerlo en cuanto mis dos recientes acompañantes inglesas y yo preguntamos dónde cogerlo.

El viaje empieza su rumbo con el inglés activado y sin subtítulos

—Aún no lo sabía, pero ellos, los locales, con la mejor de sus sonrisas y la más firme de sus convicciones te dirán, casi siempre, que lo que buscas hoy no funciona o está cerrado, inventarán lo que haga falta para que entres en su taxi, pases por su calle o compres en su tienda.—

Después de dar muchas vueltas buscando el esquivo autobús y sortear docenas de invitaciones, decidimos preguntar el precio de un taxi hasta el centro. Abróchense los mismísimos cinturones que llevaban Marco Polo y Willy Fog en sus viajes, ya que en este momento y sin darse cuenta, la aventura les habrá subido sin preguntarles a lomos de su caballo árabe más veloz.
Nos pidieron 70 dírham por persona por llevarnos hasta el centro, que, por si nadie lo ha dicho ya, está a unos 10 minutos en coche. Con un rápido mirar de ojos y unas palabras bien enfocadas, la más mayor de mis acompañantes consiguió en 10 segundos que pagáramos 70 (casi 7 euros) por los tres en vez de 210.

La Plaza de Yamaa el Fna

Cuando llegas a la plaza principal de Marrakech, (dicen que es una de las mayores de Marruecos, África y el mundo, —parada obligada de todos los turistas—), te encuentras en el corazón de La Medina, una ciudad amurrallada construida hace mil años que, apostaría, conserva en su corazón al menos la mitad de sus tradiciones y maneras de vivir el día a día.

Cuando viajo a un país que desconozco me gusta llenar mi cántaro de desconocimiento hasta rebosar, que salpique, para así, una vez allí, contemplar con entusiasmo cómo éste se va vaciando lentamente, dejando paso a lo nuevo, a lo aprendido, llenándose aún más lentamente de matices, olores, colores, sabores e imágenes antes ajenos. Dejar el cántaro lleno de desconocimiento es un proceso en apariencia simple pero que a veces resulta complicado. No leer, no informarse, no preguntar, no ver, no escuchar nada acerca del país al que vas, como esa película de cine a la que entras sin saber más que el nombre y te deja con la mirada fija, sin pestañear y atado al asiento durante el largo y ancho de su cinta.

Carruajes en la Plaza de Yamma el Fna

La Gran Plaza se me asemeja a un mar de sensaciones, donde nacen o van a morir cientos de riachuelos que son sus callejones; calles estrechas y oscuras, que se esconden del sol parapetadas bajo sus toldos y banderas, terrazas altas y ropas de cien millones de colores, tendidas de cuerdas gastadas bajo el sol. Cada callecita me parece que tiene la antigüedad y el movimiento de cien Madrides y cien Barcelonas, y creo que en una sola hora de cualquiera de sus plazuelas, trascurre más vida que la vida que llevo a mis espaldas.

Antes de dar un paso o mirar siquiera tus pies, serán al menos diez las personas que traten de captar tu atención, y si ni los monos ni las serpientes te han llamado ya primero, te verás a ti mismo acercándote a un hombre con una sonrisa de extremo a extremo de su cara, sonrisas por cierto casi todas sinceras y casi todas con una belleza rota, a su manera, desprendida.  Perdí la cuenta de los zumos de naranja y pomelo que pude tomarme, pero lo que sí recuerdo es la sensación que se me quedó en el cuerpo tras mi primer sorbito, al darme cuenta de que quizás era el zumo más delicioso que había probado y, con creces, el más barato. Todo lo que crees saber de economía, compra y venta de productos, artesanía y mano de obra (que en mi caso no es mucho) parece derrumbarse poco a poco cuando vas a un país como este.


Desde tus zumos a 35 céntimos, no podré volver a mirar uno en Madrid con buenos ojos.

 

De monetes y manitas

Al venirme a la cabeza el triste recuerdo de los chillidos constantes de los monos de la plaza, unos enjaulados, todos encadenados y otros con pañales arrancando el pelo a los turistas, viene acompañado y sin quererlo uno de mis más tiernos y graciosos recuerdos del viaje. Después de comprar medio kilo de cacahuetes y sentarme en un banco a comerlos hasta casi explotar, iba paseando por la plaza con la bolsa medio vacía cuando uno de los hombres me dijo que si quería una foto con una de sus "mascotas", y en vez de eso lo que hice fue alargar la mano con un cacahuete en la punta y ofrecérsela a mi peludo nuevo mejor amigo.

Sentir una mano pequeñita de cinco dedos, tibia, suave y áspera al mismo tiempo, acercándose a la tuya, mientras unos ojitos de un negro profundo te miran, esperando quizás con tristeza y resignación que en cualquier momento les digas que es una broma y apartes la mano y sólo les regales un clic de tu cámara, es indescriptible, pero aún más indescriptible es el escuchar a los otros cinco monitos de al lado, alto y claro, cómo en un perfecto castellano te dicen: ¡EH! ¡EH! ¡HIJO DE PUTA! ¡TURISTA! ¡AQUÍ! ¡EH CERDO! ¡CACAHUETES! ¡¿Es que no me oyes?! ¡¡EEEEEEEH!! ¡¡ESPAÑOL!! ¡CACAHUETES! ¡¡¡CA-CA-HUE-TES!!! y cómo imaginé que de tener una pistola o una vieja cimitarra habrían acabado conmigo a balazos o sablazos para rebuscar tranquilos en mi bolsita llena de un nutritivo tesoro. Por supuesto sólo pude levantar las manos en señal de sumisión y regalarles la bolsa, quedar perplejo frente a su destreza e imaginar un mundo donde no hubiera monos con Dodotis ni hombres con necesidad de ponérselos.
Cuando por fin uno trepó por mi pierna y se encaramó a mi brazo, tuve el inmenso placer de acariciar su cabecita, mirarlo a los ojos, abrazarlo, y gritar en medio de la plaza "suéltame mono cabrón" cuando se agarró fuertemente a mi pelo.
No es nada nuevo mi amor por los animales, pero si de amor y de animales tratan estas líneas, dejo aquí por escrito que ojalá algún día pueda vivir la experiencia de compartir mi vida con un mono vivir varios días entre nuestros semejantes más graciosos y peludos, para aprender, desde sus ojos, el mundo que me rodea.

Voces entrelazadas, la llamada de los musulmanes a rezar

Si nunca has estado en un país árabe, quizás no percibas muy bien la parte en la que voy a relatar cómo los pelillos de mi brazo se elevaron hasta el cielo.
Marrakech, al igual que todas las ciudades y pueblos españoles, está lleno de templos, sólo que los suyos, a diferencia de los nuestros, cinco veces al día se yerguen entre la marea de voces y ruidos del pueblo para, desde lo alto de una alta torre, llamar a los fieles a rezar (Adán). Tuve la suerte de contemplar ese espectáculo por primera vez desde una terraza con vistas a la Gran Plaza, la cual está rodeada por al menos tres mezquitas. Una voz cristalina de hombre se alza en medio del tumulto sin dejar lugar a dudas de su procedencia, y tus ojos y sentidos varios, automáticamente se dirigen hacia allí. Mientras escuchas la escalada y delicadeza de sus tonos, y cómo se alargan las palabras que bien surcarían los cielos hasta más allá de la cordillera del Atlas, te das cuentas de estar presenciando algo sublime, de ser partícipe en el movimiento de algo que no comprendes pero que a fuerza de belleza respetas.

Palacio Bahía, Marrakech


De repente, cuando te encuentras en el punto que considerabas el culmen de la oración, se unen más voces cristalinas impulsadas por potentes altavoces venidas de diferentes puntos de la ciudad, confluyendo todas ellas en tu cabeza como si de un triángulo y de matemática se tratara. Deliciosas voces a capela fluyendo a coro desde los cuatro puntos cardinales, cantos entrelazados unos con otros en perfecta armonía, y ríos de hombres con barba y sin ella, con traje o sin él y con lustrosos zapatos o mugrientos pies dirigiéndose con paso decidido hacia esas palabras cercanas que los llaman.

Tambores tribales, silencios imposibles y estados alterados

En muchas partes del mundo, la noche no parece llegar después del día de una manera transitoria, sino más bien parece desplomarse sobre la tierra.
En cambio, La Plaza de Yamaa el Fna espera pacientemente durante horas su llegada, y si miraras con atención podrías ver cómo los actores que interpretan la obra de La Medina van cambiando, unos alternando sus papeles y otros, la mayoría, dejando paso a otros actores con otros decorados.

Con la última gota de luz difuminándose en la paleta de colores oscuros y pintando la noche, aparecen los primeros tambores, y en grandes círculos -casi todos hombres- se agrupan alrededor de una tenue luz de gas que apenas ilumina las pisadas, y con guitarras, banjos y todo tipo de percusiones acompañan los extraños cantos tribales que compiten unos con otros a ver quién es capaz de dar más calor al frío de la noche.


Músicos en la noche de La Plaza de Yamaa el Fna

Los tambores son golpeados sin descanso durante horas y, sólo durante unos instantes, callan, haciéndote pensar que han terminado por esta vez. Pero después, a veces cinco segundos, a veces un minuto más tarde, vuelven con un ritmo aún más frenético de manos estrellándose contra las pieles de los djembes y derbakes (darbukas), donde acompañan sus cantos que más parecen gritos, cada vez más altos y cada vez más rápidos.

Una vez leí en "La elegancia del erizo" aquella pregunta que Renée Michel se formulaba a sí misma de si el verdadero movimiento del mundo no sería sino la música, y siempre he pensado que hasta que no conozca la última de las danzas, el último de los cantos tribales y la más lejana de las canciones, no podría considerarme al cien por cien dentro de ese movimiento. Estar frente a cualquier músico en su momento de éxtasis es siempre como una bofetada de realidad que te ancla al ahora y al presente, pero creo que cuando te ves rodeado por un círculo de instrumentos y cánticos tribales, tu parte que llamas consciencia deja paso a una especie de estado donde tus sentidos no saben qué sentir y tu pecho en ocasiones se olvida hasta de respirar.

 Colores, olores, sonidos

En Marrakech hay miles de pequeños puestos donde puedes comprar cualquier cosa

Cuando sólo llevaba dos días de paseos por La Medina, me di cuenta de que ya añoraba aquel sitio y que en el momento en que me fuera de allí iba a extrañar muchísimo aquellas calles. Sentía como si tuviera poco tiempo y recuerdo cómo con cada bocanada de aire quería apropiarme de todos los olores y de cada vaivén del humo de los inciensos que llenaban las calles: sándalo, jazmín, canela, lavanda, de cada jabón perfumado y de sus muchísimas carnes lentamente cocinadas al carbón. Con cada abrir y cerrar de ojos intentaba percibir todos los detalles y empaparme de cada tonalidad del naranja, cada matiz del marrón, cada fruto exótico y cada verde de los camaleones. Respecto a lo que sentían mis oídos en Marrakech poco puedo contar que represente fielmente la fugacidad de unos sonidos en una ciudad de tal movimiento. Recuerdo los enjambres de motos que tentaban a la suerte en cada esquina, los pitidos constantes de los cláxones de su gran repertorio de camionetas, coches de tiempos pasados haciendo maniobras imposibles, tornos de artesanos girando y amontonando virutas en cada esquina, miles de máquinas de coser bordando y remendando día y noche sin parar, ruedas de madera crujiendo sobre los adoquines, cascos de caballos al trote, relinchos, palabras volando de lado a lado de los puestos de frutas, sus "amigo entra en mi tienda, sólo mirar", la banda sonora de la pobreza interpretada por cientos de niños, el tremendo vacío de sonidos repleto de silencios que dejaban a su paso las mujeres al caminar...


Camino pero no hago ruido

El comercio, la prisa mata

En Marrakech todo se vende y todo se compra. Comprobarás que es absolutamente imposible caminar sin que decenas de personas se abalancen sobre ti para que sigas girando la rueda del comercio. Ellos viven del turismo y no tienen ninguna intención de ocultarlo. Casi todo aquel que vende algo en La Medina es un experto negociante, y en numerosas ocasiones te verás a ti mismo comprando cosas que no necesitas, pagando precios desorbitados por baratijas, maldiciendo tu nombre por haberte dejado estafar, mirando con mala cara o gran sonrisa a los que te insisten, te agarran, te paran, te convencen. Con el pasar de los días, al despertar una mañana te reirás de quien eras a llegar, pero esa misma noche quizás te vuelvas a sorprender a ti mismo entrando sin querer en una tienda y maldiciendo tu nombre una vez más.

Mujer vendiendo cestos junto a la Madraza


Cuando viajas solo, nunca estás solo

Aquellos que no han probado nunca la pócima de viajar en solitario suelen preguntarme si he conocido a alguien, si he podido compartir buenos momentos con otros y si me he sentido solo, o incluso los hay que se plantean si el que viaja consigo mismo es porque no tiene con quién hacerlo. Me atrevería a decir que yo llegué muy rápidamente a la conclusión de que cuando viajas solo, te transformas tanto que todo a tu alrededor parece cambiar a tu paso, todos tus sentidos se vuelven más agudos y tu percepción de las cosas se altera. Las amistades son más rápidas y profundas y las afrentas mucho más fáciles de olvidar, tienes tanto por descubrir que instintivamente te centras en lo bueno que tienes por delante.
Cuando camino entre multitudes o en calles casi desiertas, disfruto de un vino o admiro unas ruinas, a veces me da por imaginarme cómo será la vida de la persona que pasa a mi lado y, lo mejor de todo, es que cuando viajo solo me doy cuenta de que si realmente quiero saber quién hay detrás de ese todavía desconocido, no tengo más que acercarme, sonreír y decir "hola". Quizás esa aparente vulnerabilidad que se le confiere a las personas en soledad es la mayor de sus virtudes. En este viaje he conocido a muchas personas de todos los continentes, y todos ellos eran como un cofre esperando a que lo descubras lleno de historias, anécdotas, aventuras, pasiones, puntos de vista, miedos y un montón de lo que a mí me parecían actos heroicos.

Una mujer asturiana que cruza Marruecos con una bici y sus alforjas como única compañía, un joven de inglaterra que, cansado del trabajo de oficina, se va de viaje por Europa antes de irse a enseñar inglés a una ciudad perdida en China, una mujer canadiense que tras cumplir 60 años recuerda que su sueño de juventud era viajar y conocer África (mamá, guiño, guiño), aquella mujer norteamericana de 75 años que había pasado por 93 países y conocido al amor de su vida a los 70, australianos que conocen casi cada pieza del puzle que compone el mundo... Puedes encontrarte a muchísimas personas cuando viajas tú solo, pero el que seguro te va a acompañar todo el camino, tendrás que aguantar, querer y conocer, es ese que te mira desde el otro lado del espejo desde hace tanto tiempo.

Fútbol en Eissaouira


Si has llegado hasta aquí y has prestado atención a lo que he escrito, tengo que decirte que en cierto modo siento pena. Ojalá si algún día viajas a Marrakech mis palabras no acudan de nuevo a ti y te dejen solo o sola en tu camino y, si finalmente van contigo, confío en que no sean más que una gota en el océano de tus difusos recuerdos, para que cuando pongas tu primer pie en Marruecos llegues aún virgen de sueños y experimentado ignorante.

Me avergonzaría de ser aquel que te quite uno solo de los prejuicios que llevamos siempre al inicio de nuestros viajes y siempre dejamos olvidados en ellos, ya que te estaría robando el mayor de los regalos que nos espera en cada destino.

Pescadores de peces y oportunidades en Essaouira
Sembrando reflejos

Antonio Herrero Estévez


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 Un simpático caballero dijo que "el librero" era pésimo y me dolió en el alma :(

Viajar sólo a marrakech

16 comentarios :

  1. Este es un artículo para leerlo con calma y ojalá en el Ebook :) Genial la experiencia. ¿Todas las imágenes son tuyas? Si es así gnial, son preciosas. Muchas felicidades :)

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    1. Jo Diana muchísimas gracias por tu comentario. Sí, las fotos las hice yo, mi hermano me dejó su cámara... llevaba más de un año sin hacer una sola foto y no sabes cómo lo disfruté!!

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  2. Un relato precioso, muy inspirador. Espero que sigas compartiendo tus experiencias. Yo si he viajado sola, pero sin duda ha sido otro tipo de viaje. Aun no he encontrado ese viaje para encontrarme conmigo misma pero sin duda el día está cada vez más cerca.

    Un saludo de una futura viajera

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    1. Muchísimas gracias Ana! Yo tampoco me encontré conmigo mismo, estaba muy ocupado en no perderme en las callejuelas! A dónde viajaste sola?

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  3. Yo estuve en el mes de Noviembre y la verdad lo pasamos bien, hay un cambio muy radical comparándolo con España, pero hay que comprender la situación económica y el "atraso" que llevan respecto a nosotros.
    Muy recomendable, tanto si te alojas en un hotel fuera de la Medina como en un Riad dentro de la Medina.
    Sin ningún problema, sólo el primer día la extraña sensación del que está fuera de su tierra, pero se pasó en el momento. La gente muy amable, los vendedores te venderían todo, regaterar si te gusta disfrutarás como un enano.
    Muy recomendable, me alegro que te gustara Antonio.

    salu2, julián

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    1. Eso mismo pensé yo Julián! el primer día dije; de aquí no salgo con vida. Y el segundo día era el tío más feliz del mundo metiéndome por cada callecita.

      Gracias por tu comentario!!

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  4. Me pido a Ana y a Diana

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    1. Joder siempre te adelantas! Maldito anónimo!

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  5. Probando, probando...por tercera vez! Jajajajaaj

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    1. Por fiiiiiiiiiin!!!!!!! Me pasaré la vida pensando qué habrías escrito en los anteriores :p

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  6. Exquisito. Una gran calidad literaria y un contenido experiencial y emotivo a la altura de tan delicada forma. Merece la pena invertir unos minutos en leerlo. Aunque el mundo gire tan deprisa, el que valora un buen libro y sigue tomándose tiempo para leerlo, apreciará sin duda tu viaje. Y el recorrido por Marruecos también.

    ¡Esto es un follow de manual! :)

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    1. Jo Anina Graciaaaaaaas!!! No sabes lo que me motiva tu comentario!!

      Un abrazo!

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    2. Iba a comentarte sobre el tiempo, pero es que en Asturias está lloviendo a mares... XD

      No, en serio... mola mucho cuando tienes cosas buenas que decir y puedes expresarte con total sinceridad. :)

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  7. Hola, lo primero Felicidades por tu artículo, me ha encantado todo. Ahora mismo estoy pasando por un momento digamos de transición en mi vida, y mi sueño siempre ha sido ir a Marruecos. Tengo 22 años y soy mujer, ese es el único temor que puedo llegar a tener.Seguramente sea por la fama que se tiene de la cultura islámica. Quiero irme sola, por muchos motivos, a parte del aprendizaje y crecimiento personal que eso supone. Me gustaría por favor que me recomendases o dieses algún truquillo, donde dormir o a que sitios mejor no entrar. Si llegas a leer esto puedes escribirme por email mfiter@ucm.es , me harías un grandísimo favor.muchísimas gracias una vez más y enhorabuena otra vez por el artículo, un saludo desde Madrid.

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  8. Hola... oye una pregunta... estamos tratando de armar un tour a marruecos, pero la verdad los tours por agencia privada se me hace un poco caro. Pero no sé qué tan difícil sea visitar los lugares por tí mismo sin necesidad de un guía turístico.

    Es fácil autodirigir tu viaje?

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Me encantaría que comentaras aunque sólo fuera el estado del tiempo :)