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viernes, 17 de junio de 2011

El arte de Ignatius · Ignatius Reilly

(...) En esta posición, con el camisón rojo de franela alrededor del pecho y el vientre inmenso hundiéndose en el colchón, pensó con cierta tristeza que, tras dieciocho años con aquella afición, ésta se había convertido en sólo un acto físico mecánico y repetitivo, desprovisto de los vuelos de la imaginación y de la fantasía que había sido capaz de conjurar en otros tiempos. En una ocasión, consiguió convertirlo casi en una forma artística, practicando su afición con la habilidad y el fervor de un artista y un filósofo, un erudito y un caballero.

Ignatius Reilly
La conjura de los necios

domingo, 1 de mayo de 2011

Reflexiones de Ignatius Reilly

(...) me saludó un apreciado y viejo conocido (invertido). Tras unos minutos de conversación, en la que yo dejé demostrada fácilmente mi superioridad moral sobre aquel degenerado, me quedé cavilando una vez más sobre la crisis de nuestra época. Mi inteligencia, indomable y exuberante como siempre, me susurró un plan tan majestuoso y audaz que me estremecí ante la idea misma de lo que estaba oyendo. «¡Alto!», grité implorante a mi divina inteligencia. «¡Esto es locura!» Pero, aun así, escuché el consejo de mi cerebro. Se me ofrecía la oportunidad de Salvar al Mundo a Través de la Degeneración.

Ignatius Reilly
John Kennedy Toole
La Conjura de los necios

viernes, 8 de abril de 2011

Ignatius Reilly - Pirata

Hoy inauguro una sección en mi casi olvidado blog: La sección de las esquinitas dobladas.

Cuando me contemplé en el espejo, hube de admitir que tenía un aspecto sobrecogedor y dramático.
Blandiendo el sable de plástico hacia Clyde, grité: "¡salir a la pasarela, almirante, ES UN MOTÍN!"
Esto, debería haberme dado cuenta, fue demasiado para su mentalidad literal y salchichesca. Se asustó muchísimo y procedió a atacarme con su tenedor como un chuzo. Evolucionamos por el garaje como dos espadachines como en una película particularmente inepta, durante unos instantes, tenedor y sable repiquetearon uno contra otro demencialmente...
John Kennedy Toole
La conjura de los necios